Enviar las fuentes de contenido a los videowalls es otro reto crítico y muy variado del entorno de la sala de control.
Las soluciones AV-over-IP por hardware funcionan con los videowalls de la siguiente manera:
- Cada pantalla del videowall se conecta a un decodificador.
- El decodificador recoge un flujo de la red local, lo convierte en señal de vídeo y lo envía a la pantalla.
En las configuraciones básicas, cada codificador se empareja con un decodificador concreto, que muestra los flujos en pantallas separadas o en todo el videowall. El operador decide qué imagen de qué estación de trabajo aparece en cada pantalla.
Las soluciones más avanzadas emplean procesadores de vídeo adicionales que permiten colocar la imagen con flexibilidad. Así se puede, por ejemplo, mostrar un flujo de vídeo en varias pantallas o varios flujos dentro de partes de una misma pantalla. Sin embargo, este enfoque de AV-over-IP por hardware plantea dos problemas importantes:
- Mayor coste de hardware
- Mayor complejidad en la gestión de la lógica operativa del sistema AV.
En
los proyectos AV-over-IP por software, las pantallas del videowall se conectan a las salidas del controlador de vídeo del servidor, que es el que genera la imagen. En esencia, recibe el vídeo en streaming desde la red, lo decodifica y lo muestra en el lugar del videowall que el operador desee.
En el software más avanzado, como Polywall, el operador utiliza todo el videowall como un único espacio de trabajo con datos multimedia de todo tipo, incluidos los flujos de vídeo. El operador puede colocar el flujo de vídeo capturado en una pantalla del videowall, en varias, en un área arbitraria o ampliarlo a todo el videowall. También puede desplazar la imagen por las pantallas del videowall, cambiar su tamaño y realizar otros ajustes sin restricción alguna.
Algunos fabricantes, como Barco o Datapath, ofrecen para los videowalls opciones tanto de software como de hardware. Sin embargo, estas soluciones son bastante más caras que las soluciones de hardware con decodificadores. El sobreprecio responde a la flexibilidad y la funcionalidad añadidas que aportan los sistemas híbridos, aunque la relación coste-beneficio puede no justificar la inversión en todos los casos. Cada organización debe valorar con detenimiento si esas capacidades avanzadas encajan con sus requisitos operativos y sus limitaciones de presupuesto.